viernes, 31 de enero de 2014

La Historia De Amor De Julia y Juvenal.

La Historia De Amor De Julia  y Juvenal.

Durante muchos años en Etruria supieron ser vecinos Julia Stilp y Juvenal Barolo.
Juvenal era peluquero y Julia Stilp trabaja a una cuadra con su esposo en un restaurante que ambos atendían con mucha dedicación.
A su vez Juvenal era el peluquero del esposo de Julia, eran amigos se apreciaban y respetaban mucho, al Igual que la esposa de Juvenal, una gran mujer como Julia.
Ocurrió que Julia quedó viuda y ya sin su amado esposo ella por delicadeza y su condición de mujer no pudo seguir con el restaurant y prefirió buscar empleo en la ciudad de Córdoba donde su patrona era muy buena. Allí se quedó un año.
En ese tiempo la amada esposa de Juvenal falleció y este quedó con su peluquería, solo y con su dolor.
Dios no improvisa Dios tiene propósitos. Julia Stilp es invitada para un evento en Etruria y así un ocho de Diciembre llega a con tristeza a la ciudad donde solo tenía el recuerdo de su amado esposo.
Al llegar fue a su casa que aún conservaba y al verse estaba poco presentable para el evento al que no podía faltar. Fue a la peluquería de la señora que siempre le cortaba el cabello. La atendió el esposo y le dijo que su esposa no se encontraba y ella le comenta que tiene una cena y necesita estar bien. El hombre le sugiere que fuera a la peluquería de don Juvenal Barolo que estaría abierta.
Así fue como Julia Stilp le preguntó si la podía atender y este respondió que sí, que pasara y cuando se sentó en el sillón le contó lo del fallecimiento de su amada esposa, Julia con todo respeto le dio el pésame. El la miraba por el espejo y charlaban mientras Juvenal la peinaba. Julia le cuenta que no sabía y que le aconsejaba que esperara un tiempo para buscar una mujer porque ella había pasado por una mala experiencia; a lo que Juvenal le respondió: “Yo ya la tengo elegida”.— ¡Ah¡ disculpe me alegro si ya la ha elegido y es de aquí.— Sí, es usted Julia. Julia Stilp quedó petrificada por la seguridad y el respeto con que él le contestó. Juvenal le dijo si ella aceptaría ser la novia, ella muy sorprendida le dijo que ella debía pensarlo, que le diera tiempo.
Ese mediodía se despidieron y al día siguiente Julia volvió a despedirse y dejarle el número de teléfono de la ciudad y de la casa donde trabajaba. Y así fue como se marcho y desde ese nueve de Diciembre durante un año Juvenal no dejaba de llamarla cada noche. Hasta que Julia Stilp dio su respuesta diciéndole que aceptaba ser la esposa. Y un año más tarde un trece de enero contrajeron matrimonio y ambos como todos matrimonio pasaron muchas pruebas y ellos eran los pastores de un pequeña iglesia en la ciudad de Etruria. Hasta que  enfermó y ella lo cuidó con gran amor y abnegación como la maravillosa mujer que siempre fue. Juvenal partió con su Señor al cielo. Julia Stilp se quedó con los sobrinos que la visitan, con los que la llaman por teléfono, por los hermanos de la iglesia y así Dios está con ella todos los días y continúa la obra que Juvenal tenía, ahora rodeada de mujeres.
Esta es una historia de amor, de un amor que solo Dios nos da cuando lo esperamos en él.






Autora: Mirta Barolo de Acuña.
Derechos Reservados.







FEBRERO AZUL

FEBRERO AZUL
Fue la noche de un Febrero azul,
con la enorme luna allá en lo alto,
fue la brisa que circulaba por la calle
cómplice y solitaria de aquel sutil abrazo
y nuestro suave andar como un canto.

Y se detuvo el tiempo en aquel instante,
Y la fragancia de la noche te envolvía
Fueron tus brazos  del más fino raso, y
Una ternura indescriptible como el ala de
 un ángel.
Y de tus labios voló un pájaro y se posó en los míos,
Un beso tierno de color fugitivo que nos dimos,
Esa noche de Febrero azul, donde cantaron las estrellas
Y se hizo el milagro, tu vida se unía a la mía, la luna
Canto su tierna melodía celestial.
Luego todos era silencio melodioso que se gravó,
 En mi corazón Y tus  ojos negros, reflejaban amor.

Nuestras manos se unieron y sentimos el tenue
Latir de nuestro corazón, y fue esa noche de Febrero azul,
Que comenzamos juntos con una pluma nuestra historia a escribir
Desde aquella noche de Febrero azul.
Y fue aquel beso, en la calle solitaria toda la ternura de Dios
Nos envolvió en un velo de seda y tul.

Autor: Juan Edelmiro Acuña.

 Derechos Reservados.




Foto: Mirta Barolo de Acuña.